Historias de un computador

Entré al edificio acompañado de dos colegas. Eran las 9:00 a.m.

Las máscaras de gas que llevaban puestas no me dejaban reconocerlos, pero la insignia en el uniforme, a la altura del corazón, me daba la oportunidad de identificarlos: SZE-018 y SZE-117. Las impresiones de los nombres habían quedado ilegibles cuando pedimos los uniformes, pero ya nos habíamos acostumbrado a llamarnos por las matrículas, que sí se podían leer de forma clara.

En la recepción no había ni una persona, pero tampoco había indicio de alboroto: las luces estaban encendidas, el aire acondicionado estaba funcionando, el teléfono sonó y, tras unos segundos sin respuesta, redirigió la llamada de forma automática al buzón de voz. Tomé uno de los bolígrafos y anoté mi nombre en la lista de visitantes, para no alterar la rutina.

Cien colonias alrededor tampoco estaban destruidas, pero desde hacía un día permanecían inhabitadas.

Subí las escaleras hacia las oficinas del primer piso. Mis compañeros me siguieron detrás. Las paredes conservaban intactos los anuncios, circulares y frases motivacionales para los empleados y los tres los leímos conforme avanzábamos. La vida es demasiado corta para tener el trabajo equivocado. Ama lo que haces y nunca más trabajarás.

A mano izquierda, la primera oficina dejaba entrever dos escritorios opuestos, con dos portalápices cada uno y seis computadoras distribuidas de tres en tres. Las sillas estaban vacías. Las otras dos oficinas del piso seguían ese mismo patrón y cada quien entró a una.

Yo me senté en una de las sillas de la primera oficina y miré el computador. Presioné algunas teclas para deshacerme del salvapantallas y le di la bienvenida a una imagen de dos lunas enfrentadas tras una decena de íconos. La pantalla también me daba la hora y la fecha: lun 31 de ago, 09:14. Mientras husmeaba un poco en los archivos de la computadora hice varias llamadas a otros colegas que habían salido esta mañana, como yo, a inspeccionar la zona.

Encontré una carpeta en la que el dueño de esta máquina gustaba de poner sus archivos personales: música, libros, fotografías, todo un arsenal de nostalgia me miraba, ordenado de fechas más lejanas a fechas más recientes. El chico (o la chica) había guardado capturas de pantalla de las cosas más diversas: publicaciones sociales, noticias y hasta de sus conversaciones privadas.

Te veré esta noche, Nicolás.
Yo salgo del trabajo como a las 6:30. Puedes llegar a mi casa a eso de las 8.
Prepararé comida china.
Un beso.

Hacia el fondo de la lista ya no había libros, ni música, ni capturas de pantalla, sólo había documentos de texto y archivos. Todos correspondían al día de ayer, cuando, se supone, ya había ocurrido la desaparición.

Mientras seguía haciendo llamadas a otros compañeros y supervisores, abrí uno a uno los documentos de esa lista. Pero aun cuando mis llamadas terminaron y mis compañeros esperaban por mí, no pude dejar de leer. O esta persona escribía cuentos fantásticos alucinantes o aquí había ciencia que yo no conocía.

Historia del Método Ni20-36

La primera vez que se usó el Método Ni43 para la biorremediación de las tierras infértiles de Ni —meridianos 20 a 36— fue en el ciclo 43 de la era 25. Sin embargo, desde mucho antes de su primera implementación ya se usaban otros métodos para el mismo fin.

En el ciclo 7325 de la era 24, Jame y Ame identificaron por primera vez la carencia de nutrientes necesarios para la optimización de ese suelo, llegando a la conclusión de que dicha carencia no lo había caracterizado desde siempre, sino que había sido producto de la contaminación a que había sido dispuesto el lugar a lo largo de las primeras veinte eras de Ni. Para remediar la carencia, propusieron una técnica de biorremediación —llamada entonces simplemente remediación— en la que se abonaba el suelo con composta.

Durante largos ciclos se siguió este método, estando su implementación a cargo de varias empresas muy famosas en su época, hasta que se descubrió que el compostaje había estado siendo producido con especies de Ni, llevadas a deceso únicamente para el caso. Las especies utilizadas hubieron sido reconocidas como minorías.

Más adelante, Jame 4 y Ame 4, en colaboración con la Compañía de Ingeniería Espacial de Nimeia, lograron evitar discrepancias éticas al proponer el uso de materia prima alienígena, aprovechando los recientes viajes de la Compañía en la que se recuperaban cuerpos extranianos. Su propuesta fue reconocida mundialmente por haber constituido un paso importante en la defensa de las minorías de Ni y, al mismo tiempo, por haber cimentado un parteaguas en la utilización de ingeniería espacial para fines agrarios. A este método se le llamó Método de remediación Jame4-Ame4 para los meridianos 20-36.

Finalmente, Jame 9 adaptó el método de Jame 4 y Ame 4, renombrándolo de forma más sencilla como “Método Ni20-36”, después de comprobar que la materia prima más eficiente era la proveniente del tercer planeta de S: y es que su riqueza carbónica se adapta de forma óptima las tierras de Ni. A partir de este momento se le empezó a llamar biorremediación.

A continuación, se defiende el uso del Método Ni20-36 para biorremediar las tierras de los meridianos 20-36.

El documento estaba inconcluso y yo no logré identificar a qué rayos hacía referencia.

Llegaron mis compañeros a la oficina.

—¿Catorce?

Abrí otro archivo, sin responder.

Brincó en la pantalla, a la par de una fotografía de unas tierras verdes, pantanosas, un recordatorio de evento.

Los tres lo leímos, asomados a la pantalla.

31 de agosto, 9:30

  • Fecha límite para entregar capítulo 2 “Historia del método”.
  • Fecha límite para entregar la muestra para la prueba 3 del experimento.
  • Fecha límite para saneamiento de territorio visitado.

Miré el reloj:

9:29.


Adendum1

—¿Cómo te fue allá adentro?

—Pasé, a duras penas. Ayer entregué las muestras en la Agencia. Y hoy le entregué al profe un avance del capítulo dos. Tuve que usar una de esas computadoras antiquísimas del planeta para escribir aunque fuera una parte, porque se me había olvidado hacerlo antes. Me lo envié por correo. Menos mal que no hice todo yo sola y que me ayudaron a recolectar la muestra mientras yo redactaba. Como que esto de la investigación no se me da.

—Nada se te da. Siempre haces todo el último día.

—Todo lo terminamos ayer. Y hoy me tocaba el saneamiento.

—¿Saneamiento?

—Sí, la destrucción de la evidencia. Hasta me puse una alarma en el calendario del correo. En la mañana lo hice.

—Bueno. A ver si con esto ahora sí te puedes titular.

—Dios te oiga.


 1. Transcripción traducida de un diálogo entre dos estudiantes de la UMANi afuera de su salón de clase.