7 cosas que debería de hacer el gobierno en vez de subsidiar la producción de libros

El mecenazgo es un tipo de patrocinio que, históricamente, ha servido para permitir la producción de obras no destinadas a la circulación mercantil. El inconveniente con este tipo de apoyo, además del marcado sesgo hacia ciertas estéticas en lugar de otras, es que no ha sabido o no ha querido modernizarse al actual modelo de producción cultural. El reto de las industrias culturales, específicamente de los libros, no es de producción sino de mercadotecnia. No es problema el cómo imprimir sino el cómo dar a conocer la obra e incentivar a otros para que la lean; el paso más importante, creo yo, en el proceso de publicación.

Cómo encuadernar, cuáles son las imprentas más económicas; todo eso debe ser secundario para un editor independiente. Su verdadero trabajo y preocupación debe ser la distribución y el mercadeo; dejémosle la gestión y el mejoramiento de los procesos de producción a la cámara de la industria de la transformación.

Secretaría de Cultura

Pocos países dedican tal cantidad de recursos al mercado cultural como México y, sin embargo, sus resultados son pobres, comparativamente. Desde la fundación de CONACULTA, en 1988, ha trabajado en torno a ejes que no hacen más que dos cosas: conservar, mal que bien, el riquísimo legado cultural colonial e indígena, y formar funcionarios a quienes pasar la batuta. Que los beneficiarios de los programas públicos los utilicen como trampolín político para convertirse en burócratas culturales no obedece sencillamente a sus inclinaciones personales o al sistema político mejicano; se trata, en realidad, de la consecuencia lógica del campo cultural del país, influenciada directamente por la política pública del Estado.

No me malinterpreten, llegar a ser funcionario cultural es un gran honor para cualquiera, pues denota experiencia y confianza. El problema es aprovecharlo solamente para engordar el currículo personal en vez de, además, fundar alguna empresa para suplementar el escueto salario. Tomemos, por ejemplo local, al Ing. Roberto Russildi, secretario de desarrollo sustentable y exvicepresidente ejecutivo de Casas Javer, quien obviamente usará sus contactos para detonar el desarrollo del sector de bienes raíces de interés social, beneficiando a cientos de familias y, claro, a su cuenta de banco. En el sector de medios masivos tenemos al Lic. Osvaldo Robles, quien impulsa un gran cambio en la oferta de programación radiofónica en Nuevo León con la nueva estación Radio Libertad 102 FM. Ahora, ¿a cuántos profesionistas emplean los exbecarios de Conarte? Tampoco exijo que, de la noche a la mañana, facturen millones de dólares al año, simplemente que activen ese instinto emprendedor que estoy seguro que tienen.

El subsidio a la producción de libros que terminen arrumbados en una librería estatal no tiene sentido ni se traduce necesariamente en el crecimiento de la literatura como industria. Una editorial produce y distribuye ideas. En una frase: la Secretaría de Cultura y sus subsidiarias deben promover la compra-venta de la propiedad intelectual.

Los 7 puntos

Sin más preámbulos, aquí están los siete puntos mencionados al inicio de este artículo. Se trata de siete acciones concretas y efectivas en las que el gobierno puede invertir desde ya, en vez de seguir desperdiciando recursos al subsidiar la producción libros:

  1. Crear una Lista de Publicaciones Estatales (LISPE), con criterios objetivos de aceptación, dándole prioridad a los autores autopublicados y a los independientes, para aumentar su visibilidad.

  2. Utilizar la televisión y radio pública para facilitar publicidad asequible a la LISPE, y gestionar espacios publicitarios en otros medios para los libros más vendidos de la lista.

  3. Ofrecer cursos económicos de publicación, mercadotecnia y habilidades digitales necesarias para la autopublicación, no sólo en el centro de la ciudad, sino aprovechando la red de escuelas públicas y universidades técnicas en la periferia.

  4. Crear librerías, kioskos o máquinas expendedoras de libros, dando prioridad a la LISPE, pero con espacios para libros comerciales para que el proyecto sea autosustentable. Los puntos de distribución deben ser variados e incluir plazas comerciales concurridas.

  5. Organizar ferias del libro municipales para distribuir y promocionar libros de la LISPE y libros comerciales, utilizando estrategias ya probadas para la autosustentabilidad del proyecto.

  6. Asumir las funciones de una agencia de acercamiento entre autores y editoriales comerciales, brindando asesoría legal y comercial a quien lo solicite.

  7. Fungir como gestor de adaptaciones literarias, cuyo objetivo será elegir los proyectos más atractivos de la LISPE y facilitar la compra-venta de los derechos para su adaptación a programas de televisión, filmes y videojuegos. De esta forma, el limitado interés de la población hacia la lectura no será una impedimento para el crecimiento de la industria.

Hasta aquí mis observaciones por el momento. ¿Quieres saber más? Involúcrate en el movimiento cultural independiente local. Por Un Barrio Antiguo Ciudadano, la asociación cultural no gubernamental que lidero, gestiona frente a la cámara de diputados locales iniciativas ciudadanas como ésta y muchas otras más. ¡Urge un cambio!