(Sin título)

No me digas que me amas,

no suspires a mi oído.

Encenderás en mí una llama

que me incita fácilmente a lo prohibido.

 

Entre silencios y los disparos de nuestras pupilas

caímos en el sueño que mutuamente tuvimos.

Y ahora todas esas ilusiones que tenía en mi mochila,

las riego en el suelo en el que anduvimos.

 

¿Qué fue lo que realmente nos hizo caer en este bello delirio?

Nos hace descansar y olvidarnos por completo del peligro.

Sabiendo que el verdadero pecado viene del alma y no de un libro,

no tengo miedo de retar al destino y estar a punto de perder el equilibrio.

 

Pues todos bajo el mismo cielo somos juzgados

y bajo la misma tierra somos sepultados.

No puedo arrepentirme de lo que ocurrió entre los estrechos muros,

pues sólo cumplimos nuestros deseos más apasionados y oscuros.

 

El sabor de cada gota

y cada soplido de tu dulce veneno,

robando la vida de alguien tan ajeno

sintiendo, finalmente, como mi alma flota.

 

Bendito y maldito sea aquel día

cuando supe que pronto te conocería,

¿quién lo sabría?, ¿quién lo diría?

que en el mismo camino contigo me encontraría.

 

Algo me atrae y me aleja de ti,

no puedo sentirme débil cuando contigo estoy feliz.

Y ahora henos aquí, deseando y muriendo por sobrevivir.

Un deseo tan inesperado,

un anhelo tan descontrolado.

 

No planeo nada, me rindo ante cualquier cambio, y así permaneceré…

y que sea maldecido por perderme en tus labios.

 

(viernes 20 de septiembre, 2013)