Las ilusiones


 

 

 

 

*

Mejor sentarse a solas, y esperar que caigan

las altas esperanzas desde este limonero

donde se sueñan largamente los segundos

bajo el sol reflejado en las hojas, las espinas.

Redondo rayo sobre el cenit cubre el domo,

la máquina de las especulaciones repitiendo

la hojarasca del deseo que alimenta el deseo,

la sal aciaga que en el tacto es esperanza.

Alguien tiembla ante la picadura del ánimo

y se destruye en esquirlas. Alguien que viene

arderá, viajará a deshacerse en pedacitos

o imitando un temor, se esconderá en la suma

de lo que dice hallarse intacto, aunque regrese

con la calma sentida en el vientre tras la risa.


 

 

 

 

*

Esperar nuevamente del lado de la ola

y nada hallar adentro sino exceso de juego,

agitación que vuelve germinal la orilla

y un segundo que persigue otro segundo

en el rayo que despierta del sueño a desasir.

Ser delante de ti el animal que desprende

el ánimo a desolación, ser adentro tan vil,

quieta presa en espera de la noche que avanza

y esconde a tu partida la furia en la hojarasca,

y después balbucea los contornos del ánimo

ignorando la sílaba que talla este abandono

con paciencia de muro caído por demolición.

Flujo del agua en exceso al umbral de las horas

mientras vives siendo sin temer cuanto sucede

en el reflejo disperso que habita el mundo afín:

estrellas que persisten extendiendo un cielo

que traspasa la nube e implosiona en sentencia

sobre el acantilado negro bajo el fondo del ojo;

quietud que el agua invoca bajo bruma y arena,

un río de piedra cayendo sobre mí.


 

 

 

 

*

Toda la sal que escribe a rastras, en ondulaciones,

vías que se desbordan de plegarse al rayo que no es

extensión de luz, canto rodando las omisiones,

mientras el cielo tiende este fuego colorado

de ser a solas en una misma voz. Viento interior

ataca cuando el escampe que siega la planicie

borra caminos inútiles, esfuerzos por contar

lo que desmorona la sima de las aproximaciones,

hacia el celeste de modo vertical en todo ascenso,

y este sermón del miedo de no llegar a ti.

La polución sonora escoge bien sus víctimas

donde se multiplica la duda siendo fila

para las acumulaciones del desánimo,

y desdoblar la lluvia que reduce la dureza

de lo que siendo isla se atomiza y borra

hasta venir contigo a ser lo mismo adentro:

darse de golpes al tímpano, rayos a la retina

donde el aire escoge el juego del ocultamiento

y apilar el burilado sobre las comisuras

de lo que se revela siendo semilla de señuelo,

amado blanco móvil del límite en engaño,

agua que estremece la cascada al mar, y viene

y multiplica este mundo más allá de nosotros.


 

 

 

 

*

Qué aburrido medir cuanto cae con la nieve

& sus ciclos de humo y nube sobre un fondo

de espadas acechando el polícromo hado:

un entorno que rodea todo el ser contenido

por la estación en ti, calmo rayo ascendiente

que a golpes en el ojo remece toda duda

de verme destruido al perderte o desasirme,

del temor que inicia con tus ganas de dormir.

Cuánto rayo se enciende mientras cada uno

sigue pendiente de sí, asido del ego y la queja,

apilando sílabas al sueño. Debiera disolverme

en la luz que une los ciclos de la permanencia

y multiplica la quietud del viento a lo huidizo

mientras seca el humedal, amaina la neblina,

indicio peregrino de un hábito en despojo,

descenso para umbra que plena hierve en ti.


 

 

 

 

*

La palabra marrón, la palabra plano para esquirla,

la palabra rojo-púrpura al iman de la autopista,

el mojado de un eco que resuma espanto

e inclina la pasión de quien llora en un redil

de ídolos serviles al prúrito del ánimo,

sal inclinada al eco de un destino, y cable

a tierra. La electricidad se sabe poderosa

en el corazón de quien teme esta deriva

del tacto que me incendia en ser distancia,

páramo de quien vive en humedad incierta,

en la ciudad del rey sin cuello para soga,

mugrero en que se inclina la coda renegrida

a mácula de polvo en ser nonsanto,

un pístilo sin fruto & un futuro ruín.