Peste del insomnio

Avienta las almohadas a la pared en ira y frustración, se pega al piso en esperanza de ser convertido en parte de él o ser consumido por el mismo y sus lágrimas. Cada vez se pone peor, ya no es posible ayudarle con nada, ni tender su cama, ni hablarle. El insomnio lo está volviendo loco como a los otros. Ya solo quedan dos cámaras escondidas, las demás las ha encontrado y destruido.

El Doctor Mark ha intentado lo imposible con él y los otros, lo único que queda es matarlos. Lo han echado del hospital gracias a sus comportamientos agresivos, así que el doctor viene cada semana y mi mesero se encarga de intentar alimentarlo cuando puede.

Ya no se parece al hombre que me contaba cuentos de pequeño o con el que iba a ver partidos, ahora su barba es larga y sus ojos, con ojeras negras y grandes, me miran con odio. Dice que todo es mi culpa y que mamá no lo hubiera contagiado si no hubiera intervenido. Ahora, soy el único de la familia Brion que sigue vivo o sin insomnio. He estado observando a mi padre desde que lo echaron del hospital; instalar las cámaras fue la única opción, ya que, antes de que se fuera, intentó aventarme un cuchillo que había sacado de no sé dónde. Lo observo cuidadosamente, intentando encontrar moretones o heridas, pero no se queda quieto. Se mueve con tanta velocidad y fuerza que no parece tener 58.

Horas después, se sienta en su ahora destruido colchón y almohadas, saca un papel y un lápiz y escribe a estocadas “TODO POR TU CULPA ANDREW.” Se apagan las cámaras.

Corro hacia su habitación y abro la puerta para verlo ahí, en el piso, con un charco de sangre a su alrededor y una nota.