La vía para viajar por el tiempo

Viajar a través del tiempo, ir de presente al pasado, o del pasado a un futuro distante, ha sido el sueño de muchos niños, escritores e incluso de científicos a lo largo de la historia. El ser humano se ha empeñado tanto por descubrir una forma de saber el futuro, y lo más cercano que existe a esto es la ciencia de la probabilidad y estadística, pero aún no hay forma de saber con exactitud qué será de cada uno de nosotros al día siguiente. Es una curiosidad natural de las personas el querer saber sobre algo que no ha ocurrido, y no necesariamente por morbo; de hecho, temo que tendría que llamar mentiroso a aquel que llegue a afirmar que nunca se ha preguntado cómo será el mañana, pues forma parte de nosotros. Pensar en el futuro nos permite tener un plan de vida.

No sólo existe ese afán de querer ir a un futuro próximo o lejano, sino también a alguna época en el pasado, sea para remediar algún error, o bien por la pura necesidad de averiguar el que se habrá sentido vivir en algún año en el que ni si quiera se tenía previsto nuestro nacimiento.

Muchos han afirmado una realidad bastante triste al declarar que los viajes en el tiempo son una fantasía, algo imposible. Tal vez sea verdad, pero no una absoluta, ya que sí existe la posibilidad de viajar por el tiempo. No de forma física, claro está, pero sí con el lenguaje.

Existe una “máquina del tiempo”, que si la sabemos utilizar, podremos ir a la época que deseemos. Ocupamos buscar bien. No hablo de la máquina del tiempo planteada por el escritor H.G Wells, tampoco de una “Tardis”, o un auto Delorean. Me refiero a algo más sencillo y compacto que podemos cargar con una sola mano.

El libro.

Si una buena descripción referente a un lugar puede transportarnos hasta él con el simple hecho de imaginarlo, o podemos ver un rostro bien descrito frente a nosotros si cerramos los ojos y empeñamos un poco de esfuerzo, entonces una buena literatura puede llevarnos a distintas épocas también.

Gracias a los libros he conocido las pirámides de Egipto, caminé por los mercados ambulantes de Medio Oriente, me he enfrentado a los criminales más audaces que Scotland Yard no pudo atrapar, he recorrido castillos, he tenido que refugiarme de los soldados más despiadados del Imperio Romano, de los nazis o de guerreros vikingos, he vivido bajo dictaduras y he salido de ellas. No sólo leo dramas o historia de nuestra cruda realidad, también me adentro en aventuras fantasiosas de caballeros que juran haberse enfrentado a dragones, me he topado con brujos y he sufrido de las maldiciones que los dioses han puesto sobre mí y me ha tocado ver a las criaturas mitológicas más sorprendentes.

En muchos tiempos estuve y estaré.

No sólo disfruto viajar al pasado, me atrevo a decir que también he ido al futuro, y es a donde más me gustar tener el honor de ir. Para viajar a éste, se recomienda recurrir a la ciencia ficción, que no es una ciencia tan ficticia después de todo; inventos propuestos por autores o innovaciones inspiraron a algunas de las cosas que ya existen en la actualidad. No estamos yendo a algo tan incierto, sólo debemos indagar bien.

Después de todo, al ser situaciones que supuestamente aún no ocurren, en años tan distantes, ¿quién me segura que será real o no?

Considero que si poseemos la habilidad cognitiva de imaginar, entonces debemos aprovecharla. No sólo existe este mundo por conocer, también invito al lector a no quedarse únicamente con eso. Le invito a escribir, sea sobre el futuro, el pasado, o bien el presente. Quién sabe. Quizá alguien dentro de muchos años llegue a leerlo.

Brindemos la oportunidad a nuevas generaciones para viajar al pasado, así como nosotros lo hacemos cada que leemos algo de hace años o incluso siglos atrás.

¡Buena suerte en su viaje en el tiempo!