Oda al autoconocimiento

Nadie sabe lo que cada individuo esconde, incluso hay ocasiones en que uno mismo descubre qué esconde, después de experimentar la primera fase del autoconocimiento.

El autoconocimiento puede ser un arma de dos filos: Al conocernos, podemos entender que abrir puertas de las que no teníamos noción de su existencia, es parte de nosotros y puede ayudarnos a tener una vida feliz sin ayuda de nadie. Por otra parte, puede destruirnos junto con la mente, usando su imprudencia al manipular el conocimiento almacenado, nos puede traicionar el corazón con su impaciencia al saber que queremos algo inalcanzable para nuestro mismo ser. Puede destrozarnos, reducirnos, molernos, humillarnos, dejarnos sin fuerzas y pisotearnos, si es que no poseemos el autocontrol y la madurez para desistir.
La decisión está en nosotros.

Podemos elegir la primera opción. Autoconocernos en un grado en que nadie más pueda complementarnos tan bien como uno mismo, dejando la vida como una relación singular, en que cada uno no dependa de nadie y vivir condenados a la soledad.

Por otra parte, se puede estar abierto a la segunda opción. Dejar que el autoconocimiento, la mente y el corazón diluyan nuestros nervios y conocimientos, reduciéndonos a ser sólo una bolsa de huesos y carne no pensante que necesita de otro individuo para complementarse y así, poder salir un poco del abismo.
Los dos se reducen a una vida triste. Una vida complementada por la soledad.

Pero, recuerde: todos estamos destinados a nacer solos. Y por ende, morir solos.