La luna y la polilla

Hace muchos años, cuando el Sol y la Luna apenas tomaban sus tareas de alumbrar el día y la noche, existía solamente una clase de mariposas.

Las mariposas eran admiradas y a la vez no, ya que a pesar de ser lo mismo, eran diferentes. Había unas hermosas mariposas de todos los colores del mundo, con alas delgadas y ligeras, que volaban gráciles entre las flores y se dejaban llevar por el viento. Era hermoso cuando se veían volar todas juntas guiadas por Sid, el líder. Era color dorado cuyas alas brillaban con la luz del sol.

Las otras mariposas no eran tan bonitas como las primeras. Sus colores eran pardos, de patas, alas y antenas gruesas. Su forma de volar era lenta y torpe, y aunque las mariposas coloridas soltaban una clase de polvo al volar, éstas soltaban mucho más, provocando que su vuelo se viera incluso desagradable. Las mariposas coloridas, a manera de burla, las comenzaron a llamar “polvillos”, con el tiempo el nombre se les quedó y fue cambiando a “polillas”. De esta forma, ahora eran dos clases de mariposas: mariposas y polillas.

La líder de las polillas era una grande de color blanco, de nombre Kai.

Todos los días, Kai salía junto con su grupo de polillas a volar en un intento de imitar el vuelo de las mariposas, pero eso sólo provocaba quejas entre los campesinos del pueblo cercano pues era tanto el polvo que soltaban que hacía estornudar a los niños. Obviamente, el vuelo de las polillas se veía interrumpido y tenían que ceder su lugar a las mariposas.

Una tarde, mientras Kai volaba sola intentando mejorar su torpe vuelo para que fuera igual de grácil que el de Sid, escuchó a dos campesinas hablando. Decían que tal vez fuera mejor que las polillas se fueran a otro lado ya que algunos niños comenzaban a desarrollar una enfermedad debido al polvo que soltaban. Esa tarde, Kai estuvo llorando sin consuelo. Lloró y lloró y lloró, y, cuando creía haberse controlado, recordaba de nuevo las palabras de las campesinas y volvía a llorar. No se atrevía a regresar al Árbol del Tiempo, donde tanto mariposas como polillas vivían, pues tenía miedo de que la vieran en ese estado y la cuestionaran.

De esta forma llegó la noche. Tanta era la tristeza y el dolor de Kai que no se dio cuenta de en qué momento llegó la noche, así como tampoco de que la Luna la miraba con sorpresa, pues nunca había visto algo tan bonito. Notó que estaba llorando, así que decidió hablarle.

–¿Por qué lloras?

–Por qué no soy bonita.

–Claro que eres muy bonita. ¿No te has visto?

Al ser blanca y gracias a la luz plateada de la Luna, Kai parecía brillar, como si estuviera hecha de luz. Al escuchar esa pregunta reaccionó y se dio cuenta de que era un Astro quien le había llamado. Tuvo muchos sentimientos encontrados, pero al final logró concentrarse.

–¿Estoy brillando?

–Así es –dijo la Luna con una sonrisa–. Acércate, quiero verte.

Un tanto avergonzada por su torpe vuelo Kai obedeció, pero se sorprendió al ver que el polvillo de sus alas brillaba.

–Es polvo de estrellas –le dijo la luna con voz dulce–. ¿Cuál es tu nombre?

–Soy Kai.

–Dime, Kai, ¿cómo es que nunca te había visto volar?

–Nosotras no volamos de noche, sólo de día.

–¿”Nosotras”? ¿Hay más como tú?

–Sí, somos muchas.

–¿Crees que podrías llamarlas para poder verlas volar a todas juntas?

Sonriente, Kai aceptó y voló hacia el Árbol del Tiempo para despertar a sus compañeras y explicarles la petición de la Luna. Todas las polillas se alborotaron pero al intentar irse fueron detenidas por las mariposas. Sid había escuchado todo y estaba celoso de que un gran Astro hubiera pedido ver un vuelo ¡y de las torpes polillas!

Varias mariposas interfirieron para que las polillas pudieran irse, y Sid, enojado, las castigó quitándoles sus colores, dejándolas negras. Kai se enfadó mucho y las invitó a unirse a su vuelo. Fue así que las polillas, y ahora las mariposas negras, salieron volando. La Luna la vio venir desde lejos: soltaban un hermoso polvo que con su luz era plateado. Polvo de estrellas.

Durante unos minutos se complació con la vista de las polillas hasta que de pronto vio un bulto negro y deforme volar hacia ella. Ese bulto negro resultó ser las mariposas. Sid, celoso de que Kai y sus polillas volaran para un Astro, habló con sus mariposas y decidieron que también querían hacerlo, querían impresionar a la Luna con sus colores; sin embargo era de noche, todo estaba oscuro y ni siquiera con la luz del gran Astro se notaban los hermosos colores de los cuales estaban tan orgullosos.

–Gran Astro –dijo Sid una vez se hubieran acercado–, ¿por qué pierde el tiempo mirando el vuelo torpe de las feas polillas? Nosotros volamos mucho mejor y nuestros colores son muy alegres.
–Yo no veo nada –dijo de forma fría–. Solo veo un bulto negro. ¿Por qué tan empeñado en impresionarme, si yo solo pedí ver volar a las polillas? Es de noche, ni siquiera veo sus colores.
Sid quería replicar, pero se dio cuenta de que no tenía manera de negar eso. Él tampoco veía bien los colores de su vuelo.

–También sé que tratan mal a las polillas –continuó–, y no pienso permitir más eso. Así que pondré mi primera orden: todas las mariposas volarán de día, para que puedan mostrar esos colores que tanto presumen. Las polillas volarán de noche, conmigo. He dicho.

Las mariposas, sintiéndose humilladas, regresaron de nuevo al Árbol del Tiempo. Las polillas junto a las mariposas negras siguieron volando, excepto Kai, quien parecía muy triste.

–¿Qué pasa? –dijo la Luna– No te ves muy contenta.

–No es eso –dijo Kai conteniendo las lágrimas–. Yo quería que todos vieran que nosotras, al igual que las mariposas, tenemos belleza. Todos están despiertos de día, así que pueden ver los colores de las mariposas, pero nadie está despierto de noche así que nadie puede ver nuestro polvo de estrellas.

–Eso es lo mágico de ustedes.

Kai la miró, sin saber muy bien qué responder.

–Los humanos son muy superficiales. Solo ven que los ojos alcanzan a ver y para ellos no hay nada más. Son muy pocos los que buscan más de lo que pueden ver, y por ser tan pocos, son especiales. Al igual que ustedes.

A pesar de la sencilla explicación, Kai entendió perfectamente. Con una sonrisa volvió al vuelo junto a sus demás compañeras, haciendo que la vista fuera aún más hermosa.